Continúo con reflexiones que me surgen escuchando a Longobardi. Y me apresuro a aclarar que lo escucho a él y no a las obligadas intervenciones pseudo-cómico-sexuales a las que nos someten en el combo. He adquirido un sistema casi infalible para evitar lo burdo, rescatando lo profesional y útil del contenido del programa: cuando interviene Rolo Villar, apago el volumen. Si cuando lo subo, sigue hablando, lo vuelvo a apagar. Si les toca el turno a las hienas de grotesca risa, aguanto estoico. Ya viene lo útil.
Y no me quiero privar de lo mucho de bueno que tiene Cada Mañana porque es mi única fuente de información. Antes leía La Nación, que me traían a casa. Pero el diarero se ve que era medio fiestero, y me traía el diaro cuando se le cantaba la gana. Bastante más tarde de mi horario de salida. Por eso lo pasé a sólo los fines de semana. Y se ve que se ofendió o algo así y luego de dos o tres veces aisladas, no lo trajo más. Y yo lo sigo pagando para que otro lo lea. O que no lo lea nadie. Lo cierto es que el «Club La Nación» a quien le pago por débito automático, no ha registrado el «problemita» y sigue contento embolsando. Y parece que no les alcanza porque nadie atiende el teléfono. En fin, ya juntaré paciencia para resolver el contrapunto. Pero mi comentario no era sobre el sistema de distribución de diarios….
Existe cierto consenso en que uno de los muchos problemas que tiene este gobierno es el de negar la realidad. Y todos los comentaristas serios lo señalan con erudita precisión. Los efectos perniciosos de negar la realidad de la inflación. Los inconvenientes de negar la realidad cuando quieren crear un mercado de capitales propio pero ignoran que ello es inviable sin una moneda estable. La imposibilidad de logar inversiones si luego el estado pretende obligar a los empresarios a vender a pérdida, ignorando que el afán de lucro integra inexorablemente cualquier definición de empresa comercial.
Todo esto está muy bien y es poco lo que yo puedo aportar al respecto. Pero hay otras áreas en las que tan contundente sentido común parece no querer involucrarse. Hay muchas «realidades» que pretenden -de modo absurdo, a mi juicio- medirse por los «sentimientos». Pongamos un ejemplo inocuo, ya que le tengo algo de respeto a la «policía del pensamiento»: Supongamos que hoy alguien amanece sintiéndose un ave. No uno de los ahora especialmente vilipendiados buitres, ni algo majestuoso como un águila. Digamos un gorrión del montón. Y sintiéndose así se viene a plantar frente a un precipicio, decidido a «realizarse» como pájaro, intentando un vuelo inaugural, bien acorde con su sentir. Según la concepción del estado que se tenga, quien gobierne puede asumir frente a esa situación, distintas posturas. Lo que me dice a mí el sentido común es que debieran en primera instancia, impedir ese vuelo. Además, sin «violentar las conciencias», ver si descubren y resuelven las causas de tan absurdo -y peligroso- sentir . Un gobierno muy liberal, lo dejaría a este confundido «pajarito» a sentir como quiere y sufrir las consecuencias. Vuele nomás. Demás está decir que no me parece que esta postura sea moralmente aceptable. Por último, lo que me parece que hace este gobierno: señor gorrión, usted tiene derecho a sentirse así. Si se siente gorrión pues gorrión será. Aquí tiene su nuevo documento en donde se lo reconocemos. Vuele usted tranquilo y guay de que alguno exprese una voz disonante. Para ellos, INADI…
Jorge OReilly