
En su día…
Sólo algunas citas breves de Domingo Sarmiento. Las traigo como punto de partida para tratar de imaginar qué posibles soluciones nos sugeriría el gran maestro a los problemas de hoy:
“No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”. (Carta a Mitre)
Y luego, en otra carta al mismo destinatario:
“Tengo odio a la barbarie popular… la chusma y el pueblo gaucho nos es hostil (…) El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas”.
En una carta del 27 de septiembre de 1844 se preguntaba:
“¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”.
¿Qué hacemos con este «prócer»? ¿Qué haríamos con él si pudiéramos tenerlo entre nosotros? Me imagino su confusión con esta nueva manera de ver el pasado que rige hoy sin espacio para el disenso. Dicen que es injusto para con Sarmiento juzgarlo con los criterios de hoy. Pero por fuertes que sean sus palabras es difícil salvar su figura si no hubiera tenido algún fundamento para semejantes sugerencias.
Si tuviera que ubicar a Sarmiento en el sistema binario que rige hoy, en el que sólo hay lugar para amigos o enemigos, en mi lista yo lo cuento -sin duda alguna- entre los segundos. Pero las cosas no son nunca tan claras. Es obvio que más allá de la preferencia de Sarmiento por la sangre europea y estadounidense y el desprecio por los de su País, por lo nuestro, por el gaucho que trabajaba la tierra y que plantó nuestras raíces, había un gran problema con los indios, que no tenían «problema moral» en matar y someter a cuanta población indefensa encontraran.
Basta releer el Martín Fierro -por citar una fuente insospechada de sus ideas racistas- para tener un indicio de a qué se refería cuando hablaba de «salvajes» (aunque el «educado» Sarmiento se refería al gaucho de nuestros campos, principalmente, cuando se refería a los «bárbaros salvajes»….) Pero ni con ellos ni con la «chusma» la solución es matarlos. Ni con el mismo Sarmiento (o los nuevos Sarmientos contemporáneos)….
Ayer y hoy, la solución es educar en la verdad. Rescatar lo que tiene de bueno y descartar lo malo. No todo lo «originario» era bueno. No lo eran, por ejemplo, los sacrificios humanos de los aztecas. No eran nada buenos los sacrificios y matanzas realizadas entre las tribus indígenas del sur de nuestro país. Y también eran malas, a mi juicio, muchas de las ideas que se importaban en esa época, provenientes de un liberalismo nacido en la revolución francesa, donde corrió tanta sangre, sangre de los que no pensaban como los revolucionarios, sangre de los revolucionarios traicionados unos por otros, sangre de millones de inocentes… No eran democráticos ni Sarmiento, ni los indígenas de nuestras tierras…. Hoy nos toca hacer lo mismo: educar.
Discriminar, que quiere decir, «discernir»: Lo bueno de lo malo. Porque ayer y hoy era y sigue siendo posible distinguir uno de otro. Y requiere honestidad primero y coraje después para aplicarlo.