La Gata Flora

 

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Salvo honrosas excepciones, hoy los medios de comunicación se dividen entre los que defienden al gobierno (y cobran por ello) y los que lo critican (y son perseguidos por ello).  Unos y otros, esconden y/o distorsionan la verdad hasta hacerla casi irreconocible. Yo prefiero «informarme» con los críticos. Los defensores del  modelo son «indefendibles». No los resisto ni un minuto.  Pero en esta oportunidad me hicieron volar los patos los diarios críticos. Es que hay que tener un poco más de coherencia hasta para «acomodar la verdad» a los objetivos que se trazan como «línea editorial».  Todos nos quejamos, justificadamente, del incordio que supone la proliferación de piquetes nacidos al amparo de la década ganada. Pero hasta los más obsecuentes ya reconocen que la cosa no da para más y que, si no hacen algo para ponerles coto, vamos a terminar todos a los tiros. Pero no es esto último lo que produce el cambio sino la conciencia de que, amén de los probables tiros, en las próximas elecciones no los vuelve a votar nadie si no hacen algo para resolverlo. Y ya se nota cierta preocupación por preservar la fuente de laburo. Es obvio que no se ven demasiado competitivos para reubicarse en el sector privado.

La razón de mi calentura: Los diarios críticos se rasgan las vestiduras porque encontraron infiltrados de gendarmería entre los manifestantes de Lear que cortaban la panamericana. Que un gendarme con dotes de actor simuló ser atropellado y con esa excusa se lo llevaron detenido al conductor. Pero, ¿quién era el conductor? ¿La abuela de Heidi que iba a buscar un remedio para su nieta enferma? Nooo! Era uno de los hijos de mil que, en un refinamiento de la modalidad de corte, lo hacía en uno de los vehículos que, coordinadamente, bajan la velocidad hasta detenerse  por completo y producir el caos.

Organícense: O protestamos por los piquetes o nos agraviamos de la «judicialización» de la protesta. Yo soy partidario de terminar con los piquetes. No necesito «la actuación» para sacar a bastonazos a quienes impidan el tránsito con la excusa que sea. Incluiría en el próximo presupuesto una docena de carros hidrantes de última generación. Y no tendría problema en imputar y querellar a los responsables. Empezando por los cabecillas. Y, obviamente, sería más indulgente con los necesitados de siempre que van contratados, sin siquiera saber el origen o la justicia del supuesto reclamo. ¿Qué? ¿Es poco democrático pedir que se haga efectivo el derecho a transitar libremente? No me parece.

Lo que está pasando ahora es un intermedio. Como quienes nos dirigen son los padres de esta «criatura piqueteril» y se han llenado la boca con esa imbecilidad de «no judicializar la protesta» (que ni ellos se tragan), les da un poco de vergüenza decir al pan, pan y al vino, vino. Y decir, hasta acá llegamos con esta idiotez. Pero parecen haberse propuesto, en los casos más groseros (este es ciertamente uno de ellos), ir acotándolos de forma disimulada. Y en esta los pescaron.

Pues, al «enemigo que huye, puente de plata». Me parece una incoherencia la crítica de los medios opositores. Incoherencia e hipocresía. Porque lo único que los mueve a la crítica es su condición de opositores al gobierno. No creo que les importe el modo de proceder de la gendarmería.

 

Jorge OReilly